Entender la respuesta del estrés: cuando el cuerpo intenta protegernos

El estrés no siempre lo notamos con fuerza.
A veces se esconde en lo cotidiano: en un nudo en el estómago, una respiración entrecortada o una mente que no consigue parar de dar vueltas.
Lo confundimos con “estar cansada”, con “preocuparse demasiado”.
Pero, en realidad, el cuerpo lleva tiempo intentando protegernos.

En consulta lo escucho a menudo: “ya pasó hace tiempo, pero sigo sintiendo lo mismo”.
Esa frase resume algo esencial: el cuerpo no entiende de fechas.
Cuando algo fue demasiado, y no pudo procesarse del todo, el sistema nervioso guarda la información como si siguiera ocurriendo.
Y frente a cualquier situación que se parezca —una discusión, una mirada, una pérdida—, la alarma vuelve a activarse.


El cuerpo no está contra ti

Desde la neurociencia se sabe que el estrés es una respuesta adaptativa.
Cuando percibimos amenaza, el sistema nervioso simpático acelera el ritmo cardíaco y prepara al cuerpo para reaccionar.
Después, el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HPA) libera cortisol para sostener la energía.
En un entorno seguro, esta activación debería descender después.

Pero cuando la amenaza es constante —ya sea externa o interna, real o recordada—, el sistema se desregula.
El cuerpo no consigue volver a la calma.

Estudios recientes (Chu et al., 2024; Rogerson et al., 2024; Puhlmann et al., 2025) confirman que el estrés crónico altera la función del eje HPA, comprometiendo la inmunidad, el sueño y la regulación emocional.
El cuerpo se queda en “modo supervivencia”, incluso cuando ya no hay peligro.


Cuando el pasado sigue vivo en el presente

Las experiencias traumáticas —desde accidentes, pérdidas o violencia, una relación difícil hasta un ambiente emocionalmente impredecible en la infancia— pueden dejar una huella profunda en el sistema nervioso.
Si en ese momento no hubo contención suficiente, el cuerpo aprendió a vivir preparado para lo peor.

Y ese aprendizaje permanece.

En la vida adulta, ese mismo sistema puede reaccionar con la misma intensidad ante situaciones menores: una crítica, un ruido fuerte, una sensación de soledad.
No porque seamos “demasiado sensibles”, sino porque el cuerpo reconoce patrones de amenaza y los anticipa.

El pasado se filtra en el presente a través del cuerpo:
– en la hipervigilancia,
– en la dificultad para relajarse,
– en la tendencia a la sobreexigencia o al colapso.

Por eso, entender el estrés implica también mirar lo que una vez nos desbordó.
El cuerpo guarda la memoria, y la psicoterapia puede ofrecer el espacio para liberarla.


Cómo ayuda la terapia

El trabajo terapéutico ofrece una doble vía: comprensión y regulación.
Desde el punto de vista científico, los enfoques más eficaces integran mente y cuerpo:

  • Mindfulness y conciencia interoceptiva: ayudan a identificar las señales tempranas de estrés y a responder con calma en lugar de reacción.
  • Técnicas de respiración y grounding: reentrenan el sistema nervioso, fortaleciendo la sensación de seguridad interna.
  • Terapia EMDR y abordajes somáticos: facilitan el reprocesamiento de experiencias pasadas que mantienen el cuerpo atrapado en la respuesta de amenaza, permitiendo que la energía bloqueada encuentre salida y el sistema vuelva al equilibrio.

La terapia no borra lo vivido.
Pero ofrece algo igual de importante: la posibilidad de que el cuerpo entienda que ya no está solo.


Volver al equilibrio

Recuperar la calma no es cuestión de fuerza de voluntad, sino de reconexión.
Dormir bien, moverse, marcar límites, exponerse a la luz natural o practicar pausas conscientes son actos de regulación, no de lujo.
Son la forma que tiene el cuerpo de reaprender la seguridad.

El pasado puede haber dejado huella, pero no define el futuro.
El sistema nervioso es plástico, y con acompañamiento puede volver a confiar, a regularse, a descansar.

Y en esa pausa —tan simple y tan humana— empieza a aparecer algo parecido a la calma.


Fuentes

  • Chu, B., et al. (2024). Physiology, Stress Reaction. StatPearls, NCBI Bookshelf.
  • Rogerson, O., et al. (2024). Effectiveness of stress management interventions to reduce cortisol: meta-analysis. Psychoneuroendocrinology.
  • Puhlmann, L., et al. (2025). How mindfulness-based training improves stress-related health: mechanisms. Frontiers in Endocrinology.


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