¿Sabías que el trauma no solo vive en la mente, sino también en el cuerpo?
A veces sentimos emociones o dolores que no sabemos de dónde vienen. Puede que te sorprenda, pero esos malestares que sientes, esa ansiedad o esa sensación de desconexión, podrían estar relacionados con traumas del pasado, y no solo tuyos, sino también de tus antepasados.
En este post, te cuento cómo el trauma complejo y los traumas familiares heredados afectan nuestro bienestar y, lo más importante, cómo podemos empezar a sanarlos. Basado en los poderosos libros El cuerpo lleva la cuenta de Bessel van der Kolk y Este dolor no es mío de Mark Wolynn, vamos a descubrir cómo el cuerpo guarda recuerdos del pasado y cómo, reconectándonos con él, podemos empezar a soltar esas heridas.
El trauma complejo no es solo una herida emocional. Es un cúmulo de experiencias repetidas y prolongadas de abuso, negligencia o violencia que dejan huellas profundas en el cuerpo y la mente. A diferencia de un evento traumático puntual, el trauma complejo se vive como una herida abierta que nunca llega a cicatrizar por completo, afectando nuestras relaciones, nuestra manera de percibir el mundo y, sobre todo, cómo nos percibimos a nosotras/os mismas/os.
En el libro El cuerpo lleva la cuenta, Bessel van der Kolk nos enseña algo poderoso: el trauma no solo se aloja en nuestra mente, sino que se inscribe en nuestro cuerpo. Muchas veces, las personas que han sufrido trauma complejo pierden la capacidad de conectar con las sensaciones físicas, como si su cuerpo se hubiese «apagado» para sobrevivir. Este es un mecanismo de defensa que, si bien útil en su momento, nos aleja de nuestra verdadera esencia y nos impide sentirnos plenas. Van der Kolk lo explica con claridad: el trauma crea una desconexión entre el cuerpo y la mente, haciendo que el pasado se sienta eterno.
Por otro lado, Mark Wolynn en Este dolor no es mío nos habla de algo que quizás no hemos considerado: los traumas no solo son nuestros. El dolor y las heridas de nuestras familias pueden transmitirse de generación en generación. Lo que nuestras abuelas o abuelos vivieron —ya sea una guerra, una pérdida o un abuso— puede afectarnos profundamente, incluso si nunca lo hemos experimentado directamente. Este trauma hereditario, aunque invisible, puede manifestarse en nuestros cuerpos como ansiedad, depresión o sensaciones inexplicables de vacío.
El Cuerpo como Clave para Sanar
Ambos autores coinciden en algo esencial: el cuerpo tiene la llave para sanar el trauma. Van der Kolk sostiene que prácticas como el yoga, la respiración consciente o el movimiento corporal son fundamentales para reconectar con nosotras mismas. Cuando trabajamos con el cuerpo, permitimos que esas emociones atrapadas comiencen a liberarse. Esto no solo nos ayuda a sentirnos más presentes, sino que también nos empodera para procesar lo que llevamos dentro de manera segura.
Wolynn, por su parte, nos invita a explorar la historia familiar para desenterrar aquellos patrones emocionales que hemos heredado. Una vez que identificamos estas heridas generacionales, podemos empezar a sanarlas y liberarnos del peso que hemos cargado durante años, sin ni siquiera saberlo.
Enfrentar el Trauma desde el Reconocimiento y la Aceptación
Sanar el trauma complejo no es un camino lineal ni rápido. Requiere paciencia, autocompasión y, sobre todo, reconocimiento. Las respuestas que nuestro cuerpo y mente han desarrollado no son fallos, son adaptaciones. Adaptaciones a una realidad que fue demasiado dolorosa para enfrentar en ese momento. Wolynn añade algo que me parece crucial: al identificar las conexiones entre el dolor de nuestras familias y nuestras propias emociones, podemos abordar estos sentimientos desde la comprensión, en lugar de la crítica.
Conclusión
El trauma complejo nos invita a un viaje profundo hacia nosotras/os mismas/os. Al aprender a escuchar nuestro cuerpo y a reconocer las heridas de nuestro pasado —ya sean personales o familiares—, abrimos la puerta a una sanación profunda. Este proceso no solo nos libera a nosotras, sino también a las generaciones futuras, cortando ciclos de dolor y sufrimiento que no necesitamos seguir perpetuando.
La sanación empieza cuando decidimos mirar con valentía lo que llevamos dentro, honrando el camino y confiando en que es posible reconectar con nuestra verdadera esencia.
Este enfoque de sanación busca reconectarte con tus emociones y ayudarte a liberar los traumas que, a veces, ni siquiera sabías que estabas cargando.
Reconectar con nuestras emociones no es un proceso inmediato ni lineal, pero es posible. Poco a poco, liberarlas nos permite vivir de una manera más auténtica y en paz con nosotras/os mismas/os , dejando atrás esas heridas que nos limitan.
Referencias
- Van der Kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Penguin Random House.
- Wolynn, M. (2017). Este dolor no es mío: Identifica y resuelve los traumas familiares heredados. Gaia Ediciones.


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