“Los hombres no lloran.”
Es una frase culturalmente conocida, repetida durante generaciones de formas más o menos explícitas.
A veces se dice con palabras.
Otras, con silencios.
Con bromas.
Con mensajes implícitos sobre lo que significa “ser fuerte”.
Desde la psicología, sabemos que estos mensajes no son neutros.
Moldean la forma en que aprendemos a relacionarnos con nuestras emociones.
Y en muchos hombres, esto puede traducirse en una mayor facilidad para expresar enfado que tristeza o vulnerabilidad.
Pero no porque sientan menos tristeza.
Sino porque aprendieron que algunas emociones eran más aceptables que otras.
La socialización emocional masculina
Las emociones no se desarrollan solo desde la biología.
También se aprenden dentro de un contexto relacional y cultural.
La investigación lleva años mostrando que los niños reciben respuestas diferentes según la emoción que expresan y según su género.
Las emociones asociadas a vulnerabilidad, como tristeza, miedo o necesidad de consuelo, suelen ser menos reforzadas en niños que en niñas, mientras que emociones externalizantes como la ira resultan socialmente más toleradas.
Un metaanálisis clásico sobre diferencias de expresión emocional encontró que los hombres tienden a expresar menos emociones vulnerables y más emociones asociadas a dominancia o externalización en determinados contextos sociales.
Esto no significa que sientan menos.
Significa que muchas veces expresan de forma diferente.
Cuando la tristeza no encuentra sostén
Aquí hay un matiz clínicamente importante.
No solo influye el mensaje cultural.
También influye qué ocurre cuando un niño expresa tristeza.
Si esa emoción es minimizada, ridiculizada, ignorada o respondida con incomodidad, el sistema emocional aprende algo.
Aprende que mostrar vulnerabilidad no regula.
No acerca.
No protege.
Desde la teoría del apego sabemos que la regulación emocional no ocurre en aislamiento.
Aprendemos a regularnos primero a través de la regulación compartida con otras personas.
Cuando una emoción vulnerable encuentra respuesta, contención y validación, el sistema aprende seguridad.
Cuando no la encuentra, puede desarrollar estrategias defensivas distintas.
Una de ellas puede ser el enfado.
El enfado como emoción secundaria
En psicología clínica, a veces hablamos del enfado como emoción secundaria.
Es decir, una emoción que aparece protegiendo otra experiencia emocional más vulnerable.
No siempre ocurre así.
Pero sí con frecuencia.
La irritabilidad puede aparecer sobre una base de frustración, vergüenza, rechazo, impotencia o tristeza no procesada.
El enfado no es una emoción menos válida.
También comunica.
También informa.
Pero, en algunos casos, puede ser una forma más segura de expresar malestar que reconocer dolor emocional.
Esto encaja con investigaciones recientes que relacionan la adhesión rígida a normas tradicionales de masculinidad con mayor restricción emocional, peor regulación afectiva y mayor externalización del malestar a través de ira o conductas agresivas.
Aprendizaje emocional
A veces se interpreta que algunos hombres “no conectan” con sus emociones.
Pero la evidencia sugiere algo más complejo.
Muchos sí sienten.
Lo que puede faltar es lenguaje emocional, permiso interno o experiencias relacionales suficientemente seguras para expresar ciertas emociones sin amenaza a la identidad.
Poder decir:
estoy triste
me siento herido
esto me ha dolido
me siento rechazado
requiere vulnerabilidad.
Y la vulnerabilidad solo aparece cuando, de algún modo, el sistema percibe seguridad.
Repensar la fortaleza emocional
Quizá la pregunta no es por qué algunos hombres se enfadan tanto.
Quizá también conviene preguntarnos:
¿qué emociones aprendieron que no podían mostrar?
Porque a veces el enfado no es el problema principal.
Es la protección.
Y cuando entendemos eso, dejamos de mirar solo la conducta visible para empezar a comprender la necesidad emocional que puede haber debajo.
Referencias:
American Psychological Association (2018). Guidelines for Psychological Practice with Boys and Men.
Brody, L. R., & Hall, J. A. (2008). Gender and emotion in context. In M. Lewis, J. M. Haviland-Jones, & L. F. Barrett (Eds.), Handbook of Emotions.
Chaplin, T. M., & Aldao, A. (2013). Gender differences in emotion expression in children: A meta-analytic review. Psychological Bulletin.
Wong, Y. J., Ho, M. H. R., Wang, S. Y., & Miller, I. S. K. (2017). Meta-analyses of the relationship between conformity to masculine norms and mental health-related outcomes. Journal of Counseling Psychology.
Levant, R. F. (2011). Research in the psychology of men and masculinity using the Gender Role Strain Paradigm. American Psychologist.
Foto: Mahdi Bahande


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