Migrar, un duelo que no se ve

Migrar no es solo mudarse.

Es cambiar de idioma.
Perder rutinas.

No encontrar tu lugar.
Preguntarse si todavía eres tú,
cuando todo lo que te rodea es distinto.

Migrar es también reorganizar el yo.
Una experiencia profunda que desafía la identidad,
el cuerpo y la manera de estar en el mundo.

Migrar es una experiencia multifacética que afecta el cuerpo, la mente y la identidad.

Desde la psicoterapia, no hablamos solo de “mudarse”. Hablamos de transitar una reestructuración psíquica profunda, que incluye múltiples formas de pérdida simbólica y real. El proceso migratorio no solo implica adaptarse a un nuevo entorno, sino también reformular el lugar que una persona ocupa en su narrativa personal.

Este fenómeno se conoce como duelo migratorio. No se limita a la tristeza por lo que se deja atrás, sino que incluye dislocaciones identitarias, rupturas culturales, y una renegociación constante del sentido de pertenencia (Salas-Wright et al., 2023; Liddell & Nickerson, 2022).

No se trata únicamente de echar de menos un lugar.
Incluye pérdidas visibles —como personas, idioma, trabajo o status—
y otras más difusas, como el sentido de pertenencia, las referencias internas o los gestos cotidianos que daban estabilidad.

Una persona en consulta relataba: «Me siento en casa cuando por la calle oigo la gente hablar mi idioma. Echo de menos esa sensación.»

Los síntomas pueden no aparecer inmediatamente. Pueden manifestarse como ansiedad difusa, sensación de vacío, insomnio, tristeza, irritabilidad, dificultad para conectar con los demás o para sentir disfrute.

Por eso, un enfoque terapéutico integral es esencial: que contemple el cuerpo, las emociones, el lenguaje, la historia migratoria y el contexto cultural actual.


El duelo migratorio no siempre se nombra

A diferencia del duelo por una pérdida evidente, el duelo migratorio es ambiguo. Se pierden vínculos, referentes culturales, contextos familiares… pero muchas de esas pérdidas no se visibilizan, ni se validan socialmente.

Las investigaciones recientes explican este fenómeno como una forma de duelo acumulativo, con componentes identitarios, afectivos y lingüísticos (Maffini et al., 2024).
No se trata solo de nostalgia, sino de una disrupción del sentido interno de continuidad.


La identidad, fragmentada

Una de las experiencias más habituales tras migrar es la sensación de no reconocerse del todo. No encontrar el lugar.

La identidad se ve desafiada por múltiples factores:

  • el idioma, que cambia la forma de pensar y de relacionarse
  • la pérdida del rol anterior (profesional, social, familiar)
  • la necesidad de “adaptarse” sin tener claro qué conservar y qué transformar

Liddell & Nickerson (2022) señalan que, sin espacios de integración simbólica, muchas personas desarrollan síntomas de ansiedad, disociación leve o evitación emocional.

Cómo afecta el duelo migratorio a la salud mental

La evidencia clínica y empírica es clara: el duelo migratorio no elaborado puede tener un impacto significativo en el bienestar psicológico.

Los estudios más recientes muestran que:

1. Aumenta el riesgo de síntomas depresivos

Liddell & Nickerson (2022) demostraron que las personas migrantes que no logran integrar su identidad cultural previa con el nuevo entorno experimentan mayores niveles de tristeza persistente, anhedonia y fatiga emocional.
No es solo «melancolía». Es una pérdida real de vitalidad psíquica.

2. Eleva los niveles de ansiedad y desregulación emocional

Perera et al. (2023) observaron un incremento notable en síntomas de ansiedad generalizada, hipervigilancia y preocupación constante, especialmente en personas que migraron solas o con historias de trauma previo.

La migración reabre experiencias de inseguridad.
El cuerpo reacciona como si estuviera en estado de alerta crónica.

3. Impacta en la autoestima y el autoconcepto

Según Maffini et al. (2024), muchas personas experimentan un deterioro de la autoestima tras la migración, asociado a la pérdida de estatus, dificultades lingüísticas y desajuste cultural.

Las comparaciones con quienes no migraron, o con quienes “se adaptan mejor”, pueden intensificar la autocrítica.

4. Afecta la capacidad de vincularse

Cuando el sentido de pertenencia se ve amenazado, puede emerger una tendencia al aislamiento, la hiperindependencia o el miedo a confiar.
La intimidad emocional se vuelve difícil cuando se siente que no se comparte un marco común de referencia.


¿Por qué es importante atenderlo en terapia?

Porque muchas veces, estos síntomas se leen como “problemas personales”.
Cuando en realidad, son respuestas normales a un contexto de cambio abrupto, pérdida de referencia y tensión adaptativa.

En consulta, se ofrece un espacio donde:

  • se valida el malestar sin patologizarlo,
  • se trabaja sobre el sentido y la identidad,
  • y se construyen recursos para reequilibrar cuerpo, mente y vínculo.

El duelo migratorio no desaparece ignorándolo.
Se transforma cuando se nombra, se acompaña y se atraviesa con presencia.

Referencias
  • Liddell, B. J., & Nickerson, A. (2022). The self in exile: Identity and mental health in refugees and migrants. Journal of Traumatic Stress, 35(6), 1289–1301.
  • Perera, H. N., et al. (2023). Cultural dislocation and adjustment difficulties among recent migrants: A longitudinal study. Journal of Counseling Psychology, 70(1), 31–45.
  • Maffini, C. S., et al. (2024). Understanding the psychological impact of cultural transition: Acculturation, trauma, and identity reconstruction. Psychotherapy Research.
  • Salas-Wright, C. P., et al. (2023). Acculturative stress and psychological functioning in immigrant populations. Cultural Diversity and Ethnic Minority Psychology, 29(2), 205–218.

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