El silencio tras un aborto inesperado

Un aborto inesperado o espontáneo es la pérdida del embarazo antes de la semana 20 de gestación y constituye una experiencia mucho más común de lo que solemos pensar. No se trata solo de un hecho biológico: es un acontecimiento cargado de impacto emocional, físico y relacional. El modo en que se comunica la noticia es crucial. Médicos y enfermeras cumplen un papel fundamental en esos primeros momentos: un tono empático, una explicación clara y un acompañamiento respetuoso pueden marcar la diferencia entre sentirse abandonada o sentirse sostenida en medio del dolor. El primer contacto clínico tiene un gran potencial para validar el duelo, evitar la soledad y abrir la puerta a recursos de apoyo que acompañen el proceso de recuperación.

Perder un embarazo de forma inesperada es un terremoto íntimo. Muchas personas lo viven en soledad: no porque no deseen apoyo, sino porque el contexto —familia, trabajo, cultura, redes— suele empujar a callar.

La investigación reciente lo nombra sin rodeos: hay normas sociales que regulan qué se puede decir y cuándo; ese “no se habla de esto” puede transformarse en culpa, vergüenza y duelo no reconocido.

¿De dónde viene el silencio?

  • Reglas sociales implícitas (“espera a la semana 12”, “no lo cuentes para no sufrir”) que convierten la pérdida en un asunto privado y difícil de legitimar.
  • Estigma y auto-culpabilización: cuando el entorno minimiza o evita el tema, muchas personas se autocensuran para protegerse del juicio.
  • Brecha entre evidencia y práctica: aunque sabemos más sobre el impacto psicológico, las respuestas institucionales y sanitarias aún no siempre integran la dimensión relacional del silencio.

Lo que hace el silencio en el cuerpo y en el vínculo

El silencio no es neutral: se somatiza (tensión, insomnio, hiperalerta), erosiona la autoestima y dificulta el apoyo de pareja y red. En consulta veo cómo la persona duda de su derecho a llorar y a pedir ayuda, como si su dolor necesitara permiso. La literatura lo describe como duelo desautorizado: duele, pero “no cuenta”.

Romper el silencio de forma segura

Hablar de una pérdida no es sencillo. A veces sentimos que “no se puede”, que la gente no sabrá cómo reaccionar o que minimizan lo que hemos vivido. Por eso, el primer paso suele ser elegir bien con quién compartirlo: no hace falta contarlo a todo el mundo, basta empezar con una o dos personas de confianza que puedan escucharte sin juzgarte.

También ayuda encontrar tus propias palabras. Algunas personas prefieren decir “pérdida gestacional”, otras hablan de “mi bebé” o simplemente “el embarazo”. No hay una forma correcta: lo importante es que uses el lenguaje que te haga sentir más cómoda y respetada.

Si todavía no quieres hablar, existen otras maneras de darle voz al dolor: escribir una carta, hacer un dibujo, plantar una flor, guardar un objeto con significado. Estos pequeños rituales ayudan a reconocer lo que pasó y a recordarte que tu experiencia importa.

Y recuerda: no tienes que callar lo que duele para proteger a los demás. Compartir, aunque sea un poco, es una forma de cuidarte.

Si acompañas (pareja, familia, amistades)

A veces solo se necesita una presencia cálida, que escuche y acompañe.

Evita: consejos rápidos, religiosidad no solicitada, comparaciones, cronómetros del duelo (“ya deberías estar mejor”). Estas pequeñas decisiones comunicativas rompen el aislamiento.

En terapia (mi manera de trabajar)

Cuando alguien llega a consulta después de una pérdida, lo primero no es “hacer” sino acompañar. Creamos juntas un espacio donde puedas sentirte segura para hablar —o callar— sin presión. A veces empezamos por aprender formas sencillas de calmar el cuerpo (respiración, sentir el suelo bajo los pies, un gesto que traiga alivio), y poco a poco vamos dando palabras o símbolos a lo que ha pasado.

El objetivo no es forzarte a revivir el dolor, sino darle un lugar: que no quede atrapado en el silencio ni en tu cuerpo. Cada persona encuentra su ritmo. Algunas necesitan contar, otras escribir, pintar, o incluso hacer un ritual simbólico de despedida. En ese proceso, mi papel es sostener y guiar: ayudarte a entender que tu experiencia tiene sentido, que tu duelo es legítimo y que no tienes que atravesarlo sola.

Trabajo y entorno sanitario

Proponer políticas que permitan nombrar la pérdida: permisos flexibles, lenguaje respetuoso en historias clínicas, oferta proactiva de apoyo. La evidencia sugiere que cuando el sistema legitima la experiencia, baja la autoculpa y mejora la recuperación.


Si necesitas acompañamiento psicológico, no dudes a acudir a un profesional.

Recuerda:

  • Tu dolor merece ser dicho y escuchado.
  • El silencio no te protege del dolor; te deja sola con él.
  • Puedes elegir cuándo y con quién hablar. Ese acto ya es cuidado.

Referencias

  • Cassidy, P. R. (2023). The Disenfranchisement of Perinatal Grief: How Silence, Silencing, and Self-Censorship Complicate Bereavement.
  • Hennessy, M., et al. (2024). Bridging the gap between pregnancy loss research and lived experience.
  • Bute, J. (2019). Societal-level rules: couples’ accounts of miscarriage as a topic bound by social rules.

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