Comer no siempre es solo tiene que ver con alimentarse bien o mal. A veces tiene que ver con nuestra historia emocional.
La relación con la comida es un idioma que aprendemos mucho antes de hablar. En muchos hogares, un dulce calmaba el llanto. Un plato limpio significaba aprobación. Saltarse la cena era castigo. Y crecer con esas asociaciones deja una huella.
Hoy, en la adultez, muchas personas no siguen dietas por salud ni por estética. Las usan como anclas emocionales. Como rituales de autocontrol. Como estrategias silenciosas de supervivencia.
Y en el fondo, muchas veces, hay algo más profundo: trauma.
Dietas como defensa
Estudios recientes, como el de Conversano et al. (2023), revelan cómo las personas con trastornos alimentarios, especialmente anorexia, recurren a la restricción como una defensa psíquica. No comen menos para ser “más bellas”; lo hacen porque controlar la comida les da una sensación de orden cuando la vida se desordena.
En estos casos, el control alimentario puede ser una forma de protegerse del dolor emocional no expresado. A veces, de experiencias tempranas de abuso, negligencia o inestabilidad.
Hambre emocional
Mentzelou et al. (2023) identifican cómo el “comer emocional” aparece especialmente en personas que vivieron altos niveles de estrés, ansiedad o abandono. El hambre emocional no busca nutrientes: busca consuelo.
Cuando la comida calma, se vuelve refugio. Cuando se restringe, puede ser castigo. En ambos casos, el cuerpo lleva una conversación emocional no resuelta.
Lo que no se comenta en psicoterapia
La terapeuta J. Leonard (2024) encontró que muchos psicólogos aún se sienten incómodos hablando de alimentación con sus pacientes. Pero integrar la dimensión nutricional a la psicoterapia puede ser transformador. Porque muchas veces, la dieta es la superficie de algo más profundo.
Y no es necesario tener un diagnóstico clínico para que la comida duela.
Terapia que repara
La psicoterapia ofrece algo esencial: contención emocional. Es ese lugar donde por fin podemos preguntarnos “¿qué me duele?” sin necesidad de restringir, purgar o atracarnos. La terapia no solo trabaja sobre la conducta —trabaja sobre el origen.
Cuando se acompaña adecuadamente, muchas personas descubren que su lucha con la comida no es con el cuerpo, sino con lo que su cuerpo vivió. La psicoterapia ayuda a:
- Reconocer patrones de afrontamiento poco saludables.
- Explorar el origen del dolor emocional (muchas veces ligado a trauma).
- Desarrollar recursos más amables y sostenibles para regular emociones.
- Recuperar la conexión corporal, desde el cuidado, no desde el castigo.
Es un proceso que va despacio, como debe ser toda sanación real.
La relación con la comida
El trauma no solo deja cicatrices en la mente. También en el cuerpo. Y la relación con la comida es una de sus primeras víctimas. Por eso, la psicoterapia no propone dietas. Propone otra cosa: un espacio donde ya no haga falta esconder el dolor detrás de un plato vacío o lleno.
Porque sanar es, también, aprender a sentarse frente a la comida sin miedo. Y poder decir: “Hoy me alimento de una manera un poco más sana porque me cuido.”
Referencias
- Conversano, C., Di Giuseppe, M., & Lingiardi, V. (2023). Case report: Changes in defense mechanisms, personality functioning, and BMI during psychotherapy with patients with anorexia nervosa. Frontiers in Psychology.
- Leonard, J. (2024). Staying in my lane: An exploration of counsellors’ and psychotherapists’ understanding and use of nutrition in the therapy room. Counselling and Psychotherapy Research.
- Mentzelou, M., Dakanalis, A., Papadopoulou, S. K., et al. (2023). The association of emotional eating with overweight/obesity, depression, anxiety/stress, and dietary patterns: A review of the current clinical evidence. Nutrients,
.Foto: lienkie-kotze, Texto: Nicoleta Casangiu


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