Duelo y poesía: cuando recordar también es amar

Hay duelos que no caben en el lenguaje cotidiano. Son silencios que se cuelan entre las tareas del día, fragmentos de memoria que aparecen sin ser llamados, o una ausencia que de pronto ocupa demasiado espacio. En esos momentos, la poesía se convierte en una forma de sostener lo que no tiene forma, en un intento de abrazar lo que ya no está.

Escribir en duelo no es simplemente recordar. Es una manera de habitar el dolor, de trazar con palabras un mapa de lo que fuimos, lo que perdimos, lo que aún sentimos. No se trata de cerrar la herida con frases bonitas, sino de permitir que la herida respire, de ofrecerle un lugar donde ser vista sin urgencia de curación.

En consulta, a menudo aparece la pregunta: ¿Cómo lo suelto si todavía lo necesito?
Pero el duelo no siempre pide soltar. A veces pide transformar. Volver a mirar lo vivido con otra ternura, sin negarlo ni aferrarse. Y ahí es donde la poesía hace su trabajo más delicado: nos permite recordar sin quedarnos atrapados, y olvidar sin arrancarnos de raíz.

A veces, las palabras no cierran nada, pero abren un espacio donde quedarse un momento. Entre lo que se olvida y lo que aún se recuerda, hay una frontera difusa donde el duelo encuentra su forma. Tal vez ahí, en ese lugar incierto, también se cuela algo del amor que permanece.


Escribo para olvidarte

Pero cuánto más te escribo,
más te recuerdo.
Así que dejo de escribir…


y cuando te consigo olvidar me siento vacía,


así que te vuelvo a escribir,


para volver a sentirte.

Luego te recuerdo,
de nuevo.


Y ya no sé qué más me duele,


recordarte,

o haberte olvidado ya.

Texto y foto: Nicoleta Casangiu


Comments

Deja un comentario

Descubre más desde Nicoleta Casangiu Psicóloga

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo