Autoestima corporal en las vacaciones

A veces el verano no solo trae sol y días largos, también enciende una lupa sobre nuestro cuerpo. Lo que para algunos es temporada de disfrute, para otros puede convertirse en un campo de batalla interno. Varios estudios en psicología clínica y salud pública muestran que esta época del año amplifica cómo nos vemos y cómo creemos que nos ven los demás (Felske et al., 2021; Asadabadi & Karami, 2025).

En consulta lo llamamos hiperconsciencia corporal estacional: te miras más al espejo, te comparas más, te sientes menos a gusto en bañador o incluso evitas planes por no querer “mostrar”. Y aunque nos puede pasar a cualquiera, suele afectar más a quienes arrastran una historia de inseguridad física, comentarios hirientes o crítica corporal desde la infancia o adolescencia.


El verano intensifica la autocrítica física

Durante el verano, la disminución de la vestimenta y el aumento de la exposición corporal generan un cambio significativo en la relación que las personas establecen con su imagen física. El cuerpo, tradicionalmente entendido como un instrumento de experiencia y funcionalidad, se convierte con mayor facilidad en un objeto de observación y evaluación —tanto desde la mirada ajena como desde la autopercepción. Este fenómeno favorece la activación de inseguridades latentes, especialmente en contextos socioculturales que refuerzan estándares corporales rígidos.

En contextos sociales o familiares donde se ha reforzado la delgadez como sinónimo de éxito, es más probable que el verano detone una caída en la autoestima, en especial en personas con mayor vulnerabilidad emocional (Brauneis, 2016; Bird et al., 2013).


Publicidad, redes y la construcción artificial del “cuerpo válido”

Sabemos desde hace décadas que los medios refuerzan un ideal estético homogéneo, delgado, blanco y joven. Sin embargo, investigaciones recientes como las de Brauneis (2016) añaden una capa más preocupante: cuanto más se interioriza el ideal publicitario del cuerpo perfecto en verano, mayor es la desconexión con la imagen corporal real y menor la autoestima percibida.

El problema ya no es compararse con los demás, sino con un ideal virtual que ni siquiera existe. Las redes sociales, con filtros, ángulos y edición, agravan este fenómeno y lo vuelven crónico.


La infancia como antesala del espejo adulto

Uno de los estudios más reveladores fue Happy Being Me en el Reino Unido (Bird et al., 2013), que mostró cómo niñas y niños de tan solo 9 años experimentan una caída en su autoestima corporal justo antes del verano. Los cambios en la ropa escolar, la llegada del bañador y las comparaciones aumentan el riesgo de disconformidad corporal, un predictor importante de trastornos alimentarios en la adolescencia.


¿Cuerpo en movimiento o castigo disfrazado?

Sí, el ejercicio mejora el bienestar y puede potenciar la autoestima, pero solo si está vinculado al disfrute y no a la autocorrección. Asadabadi & Karami (2025) demostraron que en niñas con obesidad, el uso de rutinas en vídeo solo mejoraba la autoestima cuando el foco estaba en el progreso y la fuerza, y no en el peso.


¿Y en terapia qué hacemos con todo esto?

Cuando trabajamos autoestima en terapia, no hablamos de «subirla» como si fuera un volumen. La autoestima no se sube; se reestructura.

¿Cómo lo hacemos?

  1. Psicoeducación corporal
    Ayudamos a la persona a comprender cómo los estándares de belleza han sido aprendidos, no naturales. Desmitificar el ideal corporal es el primer paso para dejar de perseguirlo.
  2. Separar el valor personal del peso corporal
    A través de ejercicios de identificación de valores y lenguaje interno, enseñamos que el cuerpo es parte de uno, pero no su medida.
  3. Reparar el diálogo interno
    Cuestionamos las frases automáticas como «me veo horrible», «no puedo salir así», y las sustituimos por enunciados más amables y neutrales. No se trata de forzar positivismo, sino de construir realismo compasivo.
  4. Exposición progresiva al cuerpo
    A veces el camino implica tolerar el malestar. Mirarse en el espejo con más frecuencia, llevar ropa que antes evitaban, observar su cuerpo con curiosidad, no juicio. El objetivo es integrar, no esconder.
  5. Reconciliación con el placer
    Comer por hambre y por disfrute, moverse por deseo y no por culpa. Esto es trabajar con el cuerpo, no contra él.

La autoestima no nace en la playa ni se pierde frente a un espejo de probador. Se va construyendo —o debilitando— en el modo en que nos hablamos cada día. Cada vez que dejas de tratarte como alguien que necesita arreglarse, y empiezas a verte como alguien que merece cuidado, incluso cuando no te gusta todo lo que ves, estás haciendo algo profundamente reparador. Eso también es terapia.


Referencias:

  • Felske, A. N., Williamson, T. M., Scurrey, S. R. M., et al. (2021). The influence of weight-related self-esteem and symptoms of depression on shape and weight concerns and weight-loss 12 months after bariatric surgery. Obesity Surgery.
  • Asadabadi, F. S., & Karami, K. (2025). The effect of exercise training videos on self-esteem of 7–10-year-old obese girls: A randomized controlled trial. BMC Public Health.
  • Brauneis, S. (2016). Theoretical Framework: On the Relationship of Body Weight, Self-Esteem and Skepticism towards Advertising. In Body Weight and Skepticism. Springer.
  • Bird, E. L., Halliwell, E., Diedrichs, P. C., & Harcourt, D. (2013). Happy Being Me in the UK: A controlled evaluation of a school-based body image intervention with pre-adolescent children. Body Image, 10(3), 326–334.

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