Foto: Nadine E.
Texto: Nicoleta Casangiu
La violencia de género deja profundas huellas emocionales y físicas en quienes la sufren. Este fenómeno, más allá del acto violento en sí, tiene repercusiones prolongadas en la salud mental, emocional y corporal. Comprender estos efectos nos permite visibilizar la magnitud del problema y fomentar estrategias para la recuperación y el acompañamiento.
Impacto en la salud emocional
Las víctimas de violencia de género suelen experimentar estrés postraumático (TEPT), ansiedad y depresión. Estas condiciones, como señalan investigaciones recientes, no solo afectan el bienestar emocional, sino que también alteran la percepción de seguridad y la capacidad para establecer vínculos saludables en el futuro. La memoria traumática puede permanecer activa, interfiriendo con la capacidad de las víctimas para sentir control sobre su propia vida.
Consecuencias físicas de la violencia
Además de las heridas visibles, la violencia de género puede generar problemas de salud crónicos, como dolores musculares, trastornos gastrointestinales y problemas cardiovasculares. Estas dolencias, comúnmente asociadas con el estrés y el trauma, son un recordatorio constante del abuso sufrido. Los efectos físicos a menudo coexisten con barreras emocionales, agravando la carga sobre las víctimas.
Impacto social y comunitario
La violencia de género no afecta solo a la víctima directa, sino también a las comunidades que rodean a la persona. La estigmatización y el aislamiento social que frecuentemente enfrentan las sobrevivientes pueden dificultar su proceso de recuperación. La falta de apoyo social amplifica las secuelas, dificultando la reintegración y la reconstrucción de relaciones.
Hacia la recuperación
Superar estas huellas requiere un enfoque integral. Desde un tratamiento terapéutico enfocado en sanar el trauma hasta el fortalecimiento de redes de apoyo, el proceso de recuperación puede marcar la diferencia.
Combatir la violencia no es solo eliminarla, es también acompañar a quienes la han vivido en su proceso, garantizando entornos seguros y accesibles para reconstruir vidas llenas de dignidad y esperanza. En este sentido, la visibilización del problema, como ocurre cada 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, es esencial para generar cambios estructurales y emocionales.
Fuentes:
- Campbell, J. C. (2002). Health consequences of intimate partner violence. The Lancet, 359(9314), 1331-1336.
- Devries, K. M., et al. (2013). The global prevalence of intimate partner violence against women. Science, 340(6140), 1527-1528.
- Dutton, M. A., et al. (2006). Intimate partner violence, PTSD, and adverse health outcomes. Journal of Interpersonal Violence, 21(7), 955-968.
- World Health Organization (2021). Violence against women prevalence estimates, 2018.


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